

El incidente se registró cerca del caño La Ahuyama, donde, según reportes de la Policía Metropolitana de Barranquilla, se arrojó un contenedor con cloruro de metileno. Aparentemente una chispa generó una reacción con el agua, liberando vapores tóxicos que impregnaron el aire e intoxicaron a los habitantes del sector.
En minutos, decenas de personas -niños, adolescentes y adultos- comenzaron a presentar síntomas como dificultad respiratoria, mareo, náuseas, vómito y desvanecimiento. Bomberos y servicios de salud acudieron al sitio y trasladaron a 41 víctimas a centros médicos.
De los atendidos, un menor de 2 años fue diagnosticado con neumonitis química y remitido a la UCI pediátrica del Camino Distrital Adelita de Char, donde permanece bajo observación.
El resto de los pacientes, incluyendo muchos niños, recibió atención médica —algunos en la Clínica Centro Barranquilla y otros en el Camino Nuevo Barranquilla— y se encuentran bajo monitoreo por síntomas respiratorios.
Las autoridades locales activaron protocolos de emergencia, con acompañamiento de bomberos y entidades de salud, mientras se investiga la procedencia del químico, quién lo vertió y bajo qué circunstancias. Familias del barrio expresaron temor y exigieron respuestas, pues denuncian manipulación negligente de sustancias peligrosas en zonas residenciales.
La sustancia implicada, el cloruro de metileno (también llamado diclorometano), es un solvente industrial cuyo uso está regulado -en algunos países incluso prohibido para uso doméstico-por su alta toxicidad al inhalarse vapores. Puede causar irritación, daño respiratorio, neurológico y riesgo elevado cuando la exposición es masiva.


